sábado, 14 de junio de 2014

CAP. CCCXXIV.- Tempo lento.


Tempo lento.- Es inevitable pasar épocas en las que todo cuesta más, en las que tengo la impresión de que el cerebro no es sino blandyblue, un puré denso y pegajoso que sirve de poco. Llevamos toda la semana sin bajar de los 30 grados, ni siquiera de madrugada, el primer golpe de calor desasosiega cuerpo y alma. En estas circunstancias todo fluye más despacio y cuesta avanzar.

Un estado de ánimo puede convertirse en un síndrome, así deambulando por internet he encontrado estas definiciones: son personas pasivas, soñadoras, tímidas e hipoactivas tanto en lo físico como en lo mental…Su comportamiento es indolente, como si se encontraran "en una niebla" y, obviamente, procesan la información más lentamente, aspecto que se evidencia en las actividades académicas más que en las relaciones sociales…es más probable que les haga falta motivación. Carecen de energía para afrontar las tareas mundanas y, por consiguiente, buscarán situaciones que los estimulen mentalmente, debido a su estado de baja estimulación. Quienes presenten estos perfiles pueden padecer el llamado Tempo Cognoscitivo Lento. Así que yo, que soy de natural un poco hipocondriaco, me he visto de pronto tumbado en un diván.

No soy partidario de acudir a la química por lo que la terapia habrá de ser emocional. Como primera parte del tratamiento he buscado en spotify el primer/último disco de Chrissie Hynde, una vieja musa del pop, durante años líder de los Pretenders, una virgo nacida en el año 1949, de decir, a finales de verano cumplirá 65 años. El disco se titula Stockholm y quien lo escuche sin tener referencias previas puede pensar que la cantante tiene 20 años.

Mientras las canciones van cayendo una a una enciendo el horno, 200º, forro la bandeja con papel de plata y busco en la nevera un par de pimientos rojos, han de ser hermosos, los paso por un chorro de agua y los coloco en la bandeja, cuesta un poco tomar incluso las decisiones más sencillas. Todavía no son las nueve y el termómetro marca 31º.

Pelo dos cebolletas tiernas y las someto al mismo proceso.

Tras un momento de duda cojo una cabeza de ajo y la parto transversalmente.

Espero a que el horno termine de tomar la temperatura marcada. Salpimento los ingredientes, les añado una pizca de comino en semillas y otra pizca de azúcar. Riego generosamente con aceite de oliva. Compruebo que el horno está caliente de verdad y bajo el termostato a 180º, quiero que la verdura sude, no que se arrebate.

Dejo que pasen 20 minutos antes de darle la vuelta a los pimientos y a la cebolla, aprovecho para mojar todo con un vaso de agua y dejo que pasen 20 minutos más. Empiezan a pardear las superficies de la verdura.

Saco la bandeja con cuidado – cuando uno tiene el tempo lento los riesgos de un percance aumentan exponencialmente – y dejo que repose cubierta con un paño, así seguirán sudando y exudando.

Todavía ha de pasar un rato hasta que pueda pelar los pimientos, he cambiado a la Hynde por Norah Jones y Billie Joe.

Quito la piel de los pimientos sobre la propia bandeja, para no perder ni una gota del líquido de cocción, quito también la primera capa de las cebolletas – ha quedado un poco seca – y pelo una parte de los ajos – la mitad de la cabeza.

A medida que voy pelando los ingredientes los voy metiendo en un vaso amplio para batirlos bien. En la nevera tengo tres melocotones, los pelo bien y los corto en rodajas que van también al vaso.

Podría hacer la receta en la termomix pero el tempo lento es bastante alérgico a los ruidos taladrantes.

Quito los bordecitos de dos rebanadas de pan de molde, las remojo con un poco de agua y un chorrito de aceto balsámico, una leve pincelada que le dé un toque ácido al plato. El pan va también al vaso.

Bato el combinado de ingredientes poco a poco, antes le he añadido una pizca más de sal, me ha dado la sensación de que antes le había añadido poca.

La mezcla va tomando un aspecto papilloso y anaranjado – como mis meninges -, es el momento de pasar el caldillo que ha dejado el asado, por eso tenían que sudar las verduras, y voy trabando la papilla hasta conseguir que se convierta en una crema en la que los pimientos rojos consiguen que se vaya imponiendo un tono rosáceo. Añado poco a poco aceite de oliva para que la crema tome densidad, también lustre, enseguida empieza a brillar. Ya no quedan grumos, es una crema cercana al salmorejo, podría añadirle un vaso de agua pero prefiero que mantenga cierta consistencia.

Paso la mezcla a un tupper para que enfríe bien, un par de horas.

El plato podría ir a la mesa con unos daditos de melocotón de guarnición, sin embargo prefiero que vaya con unas hebras de bacalao desalado, unas migajas blancas que funcionen como pequeños relámpagos sobre un fondo entre naranja y rosa.

Media cabeza de ajo, dos pimientos rojos, dos cebolletas, sal, pimienta, comino, azúcar, pan y las hebras de bacalao. Al final queda un salmorejo apócrifo, será divertido ver si los comensales son capaces de descubrir los ingredientes.

He descubierto a un pintor californiano nacido en la segunda mitad del siglo XIX, de la escuela postimpresionista americana. Guy Orlando Rose. El cuadro se titula: Ciruelas, melocotones y vasos de agua.
Puede que la receta combinara también bien si sustituyera los melocotones por ciruelas.

1 comentario:

  1. He llegado hace un rato de mi "juerga nocturna" (hoy he podido dar cabezadas largas) y lo primero que he hecho ha sido una matanza, tenía en el suelo un saltamontes de un "real tamaño" hablando en términos aristocráticos que es lo que "mola" ahora y luego ponerme al día en prensa y como no, leer al diletante. No sabes lo que daría por probar ese falso salmorejo, aquí hoy nos toca lentejas y sinceramente aunque me gustan, daría algo por un buen bol de ese cremoso manjar. El bodegón también me ha encantado. Jubi

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