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miércoles, 8 de agosto de 2012

CAP. CLXXI.- Waiting for a man.


Después de la entrada sobre las peras, hoy tocan los plátanos, no será sencillo evitar la componente erótica de esta fruta; de momento, para abrir boca, pongo a volumen mínimo – todos están durmiendo la siesta – el Waiting for the Man de la Velvet Underground. http://www.youtube.com/watch?v=hugY9CwhfzE

Nos hemos constituido un par de días en Jerez – en los aledaños del Catalán Muy Fino -, ayer estuvimos en Cabo Roche (unos fideos con gambas, pescado y calamares fabulosos, con tinto de verano), hoy cenaremos en Puerto.

Esta mañana en el mercado de abastos de Jerez majestuosos los atunes y el cazón, pintureras las gambas – las blancas grandes de Sanlucar a 10 euros el kilo -, en la puerta vendían furtivos quisquillas y camarones. Poco que ver, de momento con el plátano.

No soy muy aficionado al plátano, mis hijos los devoran, sobre todo por la noche antes de acostarse, es lo único que les deja comer su madre antes de dormir. A veces yo le doy el último o el penúltimo bocado a lo que dejan.

Los plátanos suelen ser para el verano, por lo menos en mi caso. Durante algunos años veraneando en Mallorca un amigo llevaba a una chica colombiana – rotunda Pilar – que se ocupaba de los niños y a medias conmigo de la cocina. Uno de sus platos de la segunda quincena de agosto era el “arroz a la pilara”, un guiso caribe de arroz con pollo que venía acompañado por plátanos machos fritos, los plátanos también solían acompañar, en daditos, a las lentejas – otras de las tradiciones del verano en Mallorca.

Gracias a Pilar descubrí las bondades del plátano macho frito, un complemento casi tan sabroso como las patatas que los niños robaban de los platos. Cien veces le he pedido a Pilar su receta y cien veces la he olvidado, aunque creo que puedo reconstruirla gracias a internet.

En principio hay que comprar un par de plátanos macho – importante que sea macho porque son menos dulces y mucho más tersos que los que habitualmente consumimos de canarias -. Se pelan y se cortan en discos de poco más o menos 2/3 centímetros de ancho. Cada uno de los discos se corta en daditos que se pasan por la sartén con un chorrito de aceite de girasol.

Dorados los daditos de plátano – también pueden freírse los discos sin más, es cuestión de gustos y de prisas – se ponen a desgrasar en una rejilla o en papel de cocina. El aceite que ha sobrado se pasa a una olla express en la que se rehoga un pollo cortado en octavos, una cebolla, dos ajos y siete u ocho semillas de comino. El tiempo de cocción en la olla express 10 minutos- no le va mal poner un par de zanahorias, una hoja de laurel y una rama e apio -. Pasado ese tiempo se quita la presión y se retira el pollo. Con el caldo que ha salido se cuela y se reserva para cocer el arroz.

Con media cebolla más, picada, un par de dientes de ajo picados, dos zanahorias en juliana, pimiento rojo y verde en juliana, se rehogan en la cacerola a fuego muy lento con un poco de aceite de girasol, sal, pimienta, un poco de comino en polvo, incluso un puñado de guisantes – prescindibles -. El fuego ha de ser suave para que no se arrebate la verdura, ha de quedar casi confitada; en el tramo final del rehogo se añade un chorro de salsa de soja – la cantidad dependerá de lo aficionados quesean los comensales a esta salsa, yo recomiendo no abusar, sobre todo la primera vez que se haga.

Cuando esté bien rehogado se añade el arroz(una taza de café por comensal), el bomba de toda la vida, que previamente se habrá escurrido al chorro del grifo, con agua fría. Después de escurrirlo para quitarle el almidón se pone en la olla con el caldo – cuando esté hirviendo – se deja en ese caldo hasta que vuelva de nuevo a romper a hervir. Cuando rompa a hervir, se retira y se cuela el arroz que se añadirá al sofrito de la soja y las verduras.

El sofrito con el arroz  se cubre con caldo hasta que el caldo sobrepase un par de milímetros la base de verduras y arroz. Sobre las verduras, el arroz y el caldo se añade el pollo cocido, previamente deshilachado, cuanto más finas queden las hebras mejor.

Se tapa la sartén con una tapa de cristal y se pone con el fuego al mínimo, para que se cueza el arroz; en 15/17 minutos el arroz estará cocido, con un intenso color pardo gracias a la soja.

Cuando el plato se lleve a la mesa se acompaña de los dados de plátano fritos. Un plato contundente que puede servir como excusa perfecta para la más redonda de las siestas.

Este es, en esencia, el arroz a la Pilara.

Pilar consiguió un trabajo como responsable de una juguetería de la calle Serrano de Madrid, una juguetería de ensueño, como la de las películas, con tres o cuatro plantas. Ella ejercía de una especie de Mary Poppings que encandilaba engatusaba a los niños a base de sacar uno tras otro libros y juguetes. Cuando la fuimos a ver hace unos meses a sus dominios infantiles mis hijos enloquecieron pensando que podían usar todos los juguetes.

Termina de sonar en el ordenador la vieja canción de la Velvet Underground. Andy Warhol gentilmente les diseñó la portada del LP, una portada mítica, casi tanto como el arroz caribe de todos los veranos.


Por cierto la leyenda del cuadro de Warhol: Peel slowly (pelar despacio).

1 comentario:

  1. Dispuesta a apagar el ordenador me he encontrado con una nueva entrada en tu blog, y el arroz a la Pilara no tiene que estar nada mal, aunque a mí me gustan como postre o entre horas. En unos días estaré en Cala Ratjada y tomaré un gin-tonic en el chiringuito, pero eso es otra historia. ¿Intrigado? Jubi

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