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domingo, 18 de septiembre de 2011

CAP. LX.- La patata en su laberinto.

En el tránsito del realismo/naturalismo al impresionismo muchos pintores representaron muchas escenas campesinas como excusa para enfrentarse a la luz - Corot, Pisarro, Millet ... -; los que tuvieron la suerte de tener cerca el mediterráneo pudieron suavizar las escenas pero a medida que se subía para el norte las imágenes se endurecían, un ejemplo claro es el de Van Gogh, que antes de darse de bruces con la luz tuvo la oportunidad de pintar en varias ocasiones cuadros relacionados con las patatas.
A mediados de los años veinte del pasado siglo XX Joan Miró viajó por los Países Bajos y, sin duda, tuvo la oportunidad de enfrentarse a los cuadros de Van Gogh; de esa época - concretamente de 1928 - data un cuadro importante que forma actualmente parte de los fondos del Metropolitan de Nueva York. La patata es uno de los cuadros de referencia de los corredores más modernos de ese museo.
 
Patata/Tierra/Mujer conforman esta metáfora que permite abrir el enigma y el laberinto de la patata. Laberinto que en ni caso, como en otras ocasiones, se inicia en el supermercado. Le dedico poco tiempo a la elección de las patatas en el super, las opciones suelen ser reducidas, de hecho sólo hay dos montones, uno para las patatas nuevas y otro para las viejas, en el mejor de los casos.
La papata ha ido perdiendo su espacio en la cocina cotidiana actual, la proliferación de precocinados, la obsesión por evitar según qué tipo de hidratos y la peste de la patata congelada han condenado a este tubérculo casi al ostracismo.
Cuentan en la red los estudiosos del consumo que la mayoría de las grandes superficies han preferido importar patatas de países remotos, normalmente de poca calidad y mal conservadas, a las patatas nacionales; la razón es clara le pueden sacar a cada kilo de patatas que venden más de un 900% de beneficio ya que en ocasiones se compra en origen la patata a menos de cinco céntimos de euro el kilo.
Hace algunas semanas pagué cara mi falta de cuidado en la elección de la patata, quería preparar en verano un guiso de pescado y utilicé unas patatas no harinosas, que no se terminaban de suavizar por mucho que las hirviera, unas patatas que no absorbieron ni una brizna del sabor del guiso y que difícilmente se podían chafar con el tenedor. Al comprobar el origen de las patatas descubrir con cierto estupor que la redecilla que compré en el mercado no recógía ninguna referencia ni de origen ni de tipo de patatas, sólo la leyenda:Superoferta.
Hay más de dos mil variedades de patatas en el mundo, de ellas más de ciento cincuenta aptas para el consumo humano. La patata es una deuda que Europa tiene con América, sin embargo su consumo masivo no se produce hasta finales del siglo XVII, cuando Parmentier realiza estudios para demostrar que no era un alimento tóxico; sus cultivos de patatas en los terrenos cedidos por la monarquía francesa permitieron popularizar su cultivo y consumo, valiéndole a Parmentier el honor de convertirse en el padre de la patata moderna, no en vano su apellido suele aparecer en muchos recetarios y cartas para referirse a guisos realizados a base de patatas.
Los recetarios más viejos - yo utilizo el de la Marquesa de Parabere, que he reseñado en más de una ocasión - indican el tipo de patata más adecuado. Acompaño la referencia de una web en la que se reseñan las principales especializades de patatas que se encuentran en los mercados españoles con sus preferencias de uso (freir, guisar o asar): http://www.mercadocalabajio.com/2008/05/guia-de-referencia-de-las-patatas-de.html
De los diferentes tipos el más socorrido ya que sirve para todo es la llamada Monalisa. Los nombres son una gozada ya que a la Monalisa se le une la Kenebec, Anabelle, Vivaldi, Red Pontiac, Nagore, Ágata, Agria, Santé ... En la web que he reseñado aparecen descritas hasta 25 clases, apenas un 20% de las variedades comestibles.
Probablemente una excesiva información sobre la patata puede intreoducirnos en un laberinto de difícil solución ya que nunca estaremos suficientemente seguros de que la patata elegida es la más adecuada para el guiso que pretendamos hacer. La Monalisa, la Kenebec (gallega) y la Red Pontiac no suelen fallar; la Ágata y la Desireé son buenas para los fritos.
Me doy cuenta de que en entradas anteriores ya he utilizado recetas de patata; en la medida en la que la patata es un gran condesador de sabores probablemente sea la receta del puré de patatas la que permita disfrutar de los sabores más puros de la patata dado que en cuanto se combinan con carnes, pescados, huevos o salsas no hacen sino amplificar los sabores y matices del alimento al que complementan.
Intento salir del laberinto de la patata volviendo a la imagen de Miró, tras leer sesudos comentarios sobre el cuadro finalmente aparece uno sensato que indica que el campo marrón - pintado de fondo en un lateral - podría ser un campo de patatas y que además hay pintada una pequeña patata a un lado debajo de la cara de la mujer/tierra patata del cuadro de Miró, su metáfora poco solemne de la patata termina pareciendo la caricatura de un niño.
Como contrapunto a estas disgresiones tuberculosas una receta casi olvidada de patatas a la Judía de la Marquesa de Parabere. Se escogen patatas grandes del tipo holandes (de carne amarilla), se pelan y se sacan unas sesenta bolitas del tamaño de una avellana. Se ponen a cocer con aguar hirviendo y sal durante cinco minutos, se retira el agua y se escurren bien escurridas, eliminándo el máximo de humedad.
En la misma cacerola se pone un vaso de vino de madeira sobre las patatas y se deja cocer tapadas ocho minutos más en el horno - a una temperatura de 180º/200º -, ha de cuidarse de que las bolitas queden enteras.
Con una yema de huevo, cinco cucharadas de aceite y unas gotitas de vinagre se prepara una mayonesa se que condimenta con sal, pimienta y mostaza en polvo diluida en un poco de agua y el vino que haya sobrado de la cocción. Se echan las bolas de patata en una legumbrera y se vierte la mayonesa moviéndose la legumbrera con cuidado para que las patatas se impregnen bien de la mayonesa sin romperse. Hay que servir el plato de inmediato con las bolas todavía tibias.


jueves, 7 de julio de 2011

Cap.XXXXI.- Las interferencias de Piet Mondrian y Joan Miró en el diseño de un menú.

Creo que estoy llevando mi intención de vincular la pintura con la gastronomía demasiado lejos. Como indicaba en una entrada anterior este viernes vienen unos amigos a cenar a casa, tengo que esmerarme porque son seguidores de este blog. Es mucho más complicado diseñar un menú que pueda erstar compensado y ser armónico que no cocinar cada uno de los platos.
Andaba yo enfrascado en mis preocupaciones sobre qué platos poner para la cena de mañana cuando me asaltó una duda existencial: ¿Debía diseñar un menú cartesiano, luminoso y pulcro, como un cuadro de Mondrian; o, por el contrario, debía buscar un menú sorprendente, improvisado, luminoso también pero candente de orden aparente como un cuadro de Miró ?
La diatriba tiene un reflejo visual:
Mondrian:
Miró:

Al llegar a este punto me dí cuenta del problema que tenía ya que ninguno de los dos cuadros podrían dar pistas a los comensales respecto de lo que iban a comer y, lo que es más importante, de cómo lo podrían comer.
Mondrian me permitiría un menú con sus aperitivos, claramente definidos, con un primero ligero - el verano no invita a grandes atracones - y un segundo elegante, una ensalada entremedias y un sorbete de postre. la referencia de Piet el calvinista me permitiría llevarles por la senda del minimalismo gastronómico, acompañando la cena con vinos secos con mucho cuerpo.
Lo malo es que llevo muchas horas invertidas en decantarme por uno u otro, aunque tal vez podría acudir a Mondrian para la mesa y la presentación, utilizando a Miró para los fogones y la carta.
Joan Miró, con sus ojos de niño, me permitirían jugar, ser más cálido y puede que más ligero. Vinos más afrutados.
La mejor opción puede ser la de tirar de Mondrian para la presentación de la mesa, incluso para los vinos, y valerme de Miró para los fogones.
No quisiera desvelar del todo el menú, no quisiera que pudieran leerlo antes y privarnos del factor sorpresa.
Sólo algunas pistas:
-> Diez platillos.- Incluyendo los apertitivos.
-> Utilizaremos nueve especias muy definidas.
.-> Uno de los platos principales tiene ocho ingredientes.
.-> Puede que seamos siete comensales.
.-> Cuento con seis botellas de vino.
.-> Cinco de los platos pueden comerse con la mano.
.-> Cuatro platos llevan como ingredientes productos de animales de tierra.
.-> tres platos llevan como ingredientes productos de animales de mar.
.-> Dos platos llevan algo de huevo.
.-> Un plato se puede beber.
.-> No debe quedar nada en la mesa.

Alguna pista más, puede que empecemos por el final y que algún plato parezca que se repita.
Sobre los colores advertir que habrá blancos, naranjas, rojos, verdes y amarillos.


Mañana colgaré el menú.