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martes, 16 de agosto de 2011

CAP.XLVII.- Autopistas.

Las autopistas tienen muchas virtudes, entre otras permiten viajar desde Salobreña a Barcelona - más de 900 kilómetros - en nueve horas; sin embargo conducir por una autopista, salvo que seas Julio Cortazar, puede ser una actividad monótona y frustrante para un diletante, a lo largo del recorrido uno ve pasar carteles de pueblos y ciudades que evocan quesos, vinos o guisos fastuosos que no se podrán probar; todo ello mientras vas devorando quilómetros por paisajes normalmente inhóspitos.
Los que tenemos niños pequeños somos usuarios más que habituales de las áreas de servicio, monumentos a la aberración gastronómica que inevitablemente hemos de visitar cada dos/tres horas. Cualquier mortal renuncia a un refligerio razonable con tal de que no haya que hacer cola en el cuarto de baño y que los suelos no estén inundados o las tazas de baño estén embozadas de papel higiénico. Las áreas de servicio son lugares hostiles para los diletantes.
Nuestro viaje por autopista tuvo una parada técnica en Valencia, donde nos acogieron unos amigos. Ese intermezzo levantino además de descansar nos permitieron tomar una paella con un estupendo vino aragonés.

Reproduzco este cuadro de Roy Lichenstein, que tenían mis amigos en el salón de su casa.
Entrando ya a Barcelona hicimos otra parada técnica a pocos quilómetros de Barcelona, en Vallirana, donde comimos otra paella completamente distinta de la que tomamos en Valencia e igualmente estupenda.
La experiencia de las dos paellas permite confirmar que no hay dos paellas iguales. Así las cosas doblemente paellados llegamos entrada la noche a casa con el tiempo justo de ajustar las maletas y prepararnos para la travesía a Mallorca. El efecto de la paella limita mucho mi capacidad de evocación gastronómica en esta entrada, he de preparar un poco de pollo empanado y macarrones con tomate para los niños en el barco - viajamos de día pero en camarote, con el secreto deseo de poder descabezar un sueño.
Revisando papeles y lecturas para este tramo final del verano redescubro un libro de Julian Barnes, traducido al castellano para la editorial Anagrama como El perfeccionista en la cocina, he de decir que me gusta mucho más su título en ingles: The Pedant in the Kitchen. Barnes, un excelente escritor y un buen cocinero tardío, escribe un opúsculo delicioso sobre su experiencia culinaria, un libro acompañado de unos cuadros originales y de constantes referencias musicales y literarias. Mi reencuentro con Barnes me recuerda lo poco original que puede llegar a ser el diletante.
Enfrascado en este amanecer barcelonino en localizar algunos libros que me acompañen a Mallorca localizo una cita de Barnes en la que da diez consejos respecto de la compra de libros de cocina:
1) Nunca co`mpres un libro por sus ilustraciones y digas: "voy a hacer esto". No puede. Una vez conocí a un fotógrafo publicitario, especializado en comida y, créeme, el trabajo de postproducción... no es nada comparado con la presentación de un plato.
2) Nunca compres libros con diseño artificioso.
3) Evita los libros de contenido demasiado amplio - algo que se llame remotamente grandes platos del mundo - o demasiado restringido: Mariscos del Mar de los Sargazos o Maravillas de los gofres.
4) Nunca compres el recetario del chef expuesto en un lugar prominente a la salida del restaurante. recuerda, por eso, en principio,has ido al restaurante, para probar su cocina, no tu pobre versión de la misma.
5) Nunca compres un libro sobre zumos si no tienes exprimidor.
6) Resístete, si es posible,a la tentación de comprar, como recuerdo de unas vacaciones en el extranjero, atractivas antologías de recetas regionales .... acaparan espacio durante años y no se utilizan ni una sola vez-
7) Evita los libros de recetas famosas del pasado, sobre todo si se reproducen en ediciones facsimils con grabados de la época.
8) Nunca sustituyas tu antiguo ejemplar raido ... por una nueva versión que contenga exactamente el mismo texto pero esta vez con otras ilustraciones. No lo usarás nunca y volverás a utilizar el desgastado original en rústica porque tiene tus notas al margen y, con razón, te resulta cómodo.
9) Nunca compres una colección de recetas copiladas con fines benéficos, en especial de locutores de televisión que ofrecen su plato favorito. Dona directamente a obras de caridad el precio de venta del libro: así recaudrán más y tu no tendrás que descartarlo en la siguiente criba.
y 10) Recuerda que los autores de cocina no son diferentes de otros escritores: muchos llevan sólo un libro dentro(y algunos, para empezar, nunca deberían haberlo sacado). Considera esta posibilidad cuando le estén dando bombo al nuevo.

Reproducidos estos consejos de Barnes, no queda sino cerrar las maletas y pensar que, tras un nuevo viaje de 8 horas - esta vez en barco en vez de por autopista -, llegaré a la playa de Ses Salines donde me esperan los salmonetes, las gambas con garbanzos de mi amigo Toni, la lasaña de Morcilla, mi reencuentro con la mejor cocinera del mundo, puede que una caldereta de bogavante en Casa Manolo, el mató de la vaquería del cruce, las ensaimadas, el pan negro, una punta de sobrasada con galletas quely, alguna botella de Anima Negra o de 14 voltios ....


2 comentarios:

  1. Si bien no he dejado de comprar libros de cocina y sigo consultando los viejos libros tanto por las notas manuscritas como por el recuerdo del exito de algun guiso, cada vez utilizo mas internet.

    Una vez decidido que plato preparar, escribes su nombre en google y consultas las 5-10 primeras entradas y coges la idea y luego lo preparas mezclando un poquito de cada receta y un poquito de tu intuicion.

    Al final como siempre en cualquie entrada te sugieren otras recetas ademas del plato que querias preparar te llevas una idea para mañana.

    No olvides del arroz de señoret !!!

    Chupipandi

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  2. Oye diletante, creo que pretender ponernos los dientes muy largos con lo que te espera de la gastronomía mallorquina....

    Sólo una cosa más : Yo quiero !!!!!!!!!!!!!

    La séptima comensal.

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