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miércoles, 4 de enero de 2012

Cap XCIX.- Transición milanesa.

Tras varios días en voluntario silencio - enjoy the silence - regreso a las andadas. Los niños todavía duermen, ayer regresamos tarde de Milán, suena flojita - para no despertar a la tropa - una selección aleatoria de canciones de Johnny Cash.
El tránsito del año 2011 al 2012 lo he hecho en Milán, caprichos del destino. Milán ha sido una ciudad estupenda para transitar con el móvil a medio gas y sin internet ya que cortamos la itinerancia de datos para evitar un susto en la cuenta del teléfono. La crisis ha pasado a ser un estado de ánimo, como la primavera de Oscar Wilde.
Tiempo magnífico, muy soleado excepto una mañana que se despistó y cayó una pelona que helaba el alma. Muchas cosas vistas y otras que no he podido ver - peajes de viajar con niños pequeños, una excusa perfecta para regresar sin niños o cuando ellos sean mucho más mayores.
Milán me ha servido para transitar de un año a otro sin uvas - imposible encontrarlas en la ciudad de los banqueros más corruptos de la historia, los inventores de la banca. Decían los antiguos revolucionarios que peor que robar un banco era crearlo -. También ha resultado una ciudad excepcional para el tránsito del diletante dado que en breve cruzaré la frontera formal de la entrada cien.
Partí hacia Milán afogado - palabra robada del italiano - por las comidas y las cenas familiares, con cierto bloqueo narrativo, aunque una vez en la ciudad era inevitable pensar de nuevo en comida o en bebida aunque mi primera intención era la de acompañar esta entrada con una sobria pintura de Daniele Crespi, un pintor milanes de principios del siglo XVII que pintó una ascética cena de San Carlos Borromeo - arzobispo de Milán - a base de pan y agua.
Las servidumbres de viajar con niños pequeños me han impedido ver en realidad este cuadro que estaban en la Iglesia de Santa María de la Pasión - queda pues como una de las gozosas tareas pendientes.
No había marcado ningún objetivo gastronómico, no es recomendable cuando se viaja con un niño de 3 años y otro de 5 marcarse grandes metas, basta con que disfruten. Hay que evitar que los viajes sean un suplicio para los niños ya que puede ser una vía para que terminen por odiar cordialmente a sus padres y terminar por despedazarlos con una motosierra.
En Italia no es complicado mantener sus estómagos contentos ya que la dictadura de la pizza y de la pasta, del tiramisú, la panacotta y el gielatto di ciocolato (no sé si lo he escrito bien), les mantienen en un estado de felicidad casi permanente, que complementan con los palitos - grisinis - y con unos donuts silicianos del tamaño de una plaza de toros.
Los mayores hemos intentado sobrevivir a base de grandes ensaladas - anunciadas como Insalatones en todos los menús -, mucha rúcula, mucha mozzarella porosa y láctea - nada que ver con los sucedáneos que se venden a granel en España, que parecen derivados blanquecinos del caucho -. Aún y así hemos terminado por limpiar los platos de los niños, lo que ha hecho que nuestra ración de hidratos quedara ampliamente satisfecha todos los días.
De nada servían grandes programaciones ya que el apetito de los menores, como sus ganas irresistibles de ir al baño, podían asaltarles en cualquier momento y de manera que pareciera que se acercaba el fin del mundo si no se atendían sus necesidades vitales; de ahí que cayeramos en el primer local mínimamente cómodo en el que se anunciaran pizzas al forno di legna, hasta el punto de haber cenados dos días seguidos en un restaurante cercano al hotel - il tavolino -, de auténtica comida italiana elaborada por una nutrida familia de orientales con bastante temple a la hora de hervir la pasta y conseguir un punto al dente que nada tenía que envidiar a las pastas de la nonna.
Algún destello de la luminosa cocina lombarda hemos tenido al probar una pasta con pulpo, gambas, mejillones y almejas - ahora que recopilo me doy cuenta de que he pedido hasta en tres ocasiones pasta con frutti di mare -; puede que el acierto de las salsas se encuentre en los tomates que usan, unos tomates un pelín más grandes que los que nosotros llamamos tomate cherry, son unos tomates muy dulces y acuosos que no es sencillo encontrar en España, tomates que ya había probado en otras escapadas a Italia.
Ya he hecho referencia a la mozzarella, también merece la pena añadir a la lista un osobuco con verduritas que tomamos en una trattoria en Navigli, y de entre los vinos - caros por regla general - un chianti clásico del año 2009 Pèppoli que tomamos en un restaurante cercano a la Scala de Milán - que tampoco visitamos.
Queda pendiente también una visita al Cenacolo de Da Vinci - la última cena, hay que reservar el pase para ver los frescos con meses de antelación -. No pudimos contemplar en vivo el detalle del salero caido sobre la mesa. Dentro de esas tareas pendientes también una última cena menos conocida pero más copiosa de Daniele Crepi en la Pinacoteca de Brera (tampoco visitada) en la que sorprende el detalle del menú a base de carne y pescado.
No todo han sido tareas pendientes, lo visto en tres días ha sido grato, sobre todo la Plaza del Duomo con un majestuoso interior de la catedral custodiada por policía militar. Divertido ver a las monjitas pasear por la calle con calzado deportivo, vistosas zapatillas de marca que sintonizan con el exquisito gusto del actual Papa por el calzado (hay que fijarse), ya se anunciaba para este nuevo 2012 el encuentro de las familias cristianas en el caluroso verano milanés. Aunque fuera jugaz, también fueron sorprendentes las largas avenidas y las galerías de moda; Milán es una ciudad envidiable ya que hay casi tantas librerías como bancos. Visitamos el museo de ciencias naturales, algo polvoriento pero permitió que los niños corretearas emocionados entre animales de la selva disecados y cabezas de grandes alces de impresionante cornamenta. En el museo de arte contemporaneo había una exposición de Lassiter y Pixar, lo que nos permitió recorrer sin mala cociencia los lugares comunes de la iconografía de Disney de los últimos años desde Toy Story hasta Cars 1 y 2 pasando por Monstruos S.A., los Invencibles, Up y otras películas de animación. La tienda del museo se convirtió en una juguetería.
Mucho, por lo tanto, visto y mucho que ha quedado por ver. De entre todo Milán le ha dejado al diletante en tránsito un regalo, una exposición temporal de Paul Cezanne montada en el Palacio Real a base de video montajes y de una cuidada escenografía que reproducía los motivos y rincones preferidos del pintor - la exposición se llamaba El atelier de Cezanne -, no había muchos cuadros, tampoco eran los más representativos, sin embargo permitían disfrutar de la amplia gama de verdes y ocres manejados con aparente simplicidad - dudo que nadie salvo puede que Klee - domine tanto los verdes como Cezanne.
De entre los cuadros cierro esta entrada con una reproducción de un apunte poco conocido - manzanas, peras y una cacerola -. Entre las tareas pendientes queda traer una receta de ñoquis al gorzonzola copiada de Tognazzi (receta que permite confirmar algo que leí a Capel antes de marchar de viaje sobre el modo de hacer ñoquis) y el compromiso de que la próxima escapada con niños será seguramente a Munich cuando temple un poco más el clima.



3 comentarios:

  1. Mientras diletante y familia disfrutaban de su viaje, una servidora sucumbía al virus gripal. Camita y finalmente antibióticos han hecho efecto y ahora estoy casi en perfecto estado de revista.

    Es de elogiar la valentía de diletante y señora de viajar con niños tan pequeños. Recuerdo cuando el mío tenía 2 años y lo llevé a Sudamérica pidiendo al pediatra que me recetara Transilium por si acaso. No lo necesitó y todo el viaje fue estupendo, aunque acabó durmiendo en el suelo del avión, en medio del pasillo, porque era más cómodo. El único problema es que a esas edades no recuerdan nada del viaje, hay que hacer muchas fotos para que lo vean luego.

    Yo no conozco Milán aunque he ido varias veces a Italia y me gustaría.

    Cuando programéis una vuelta adulta, y si no es un viaje de novios, creo que me apuntaré. Podemos convocar una cena de amigos allí a ver que aceptación tiene:-)

    Me encantan los cuadros del blog y tus recetas. Por cierto hice cochinillo asado para celebrar el primer día de año y salió bastante bueno. Nada parecido a los de Segovia que también es otra opción para convocar comida de amigos.

    LSC

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  2. Me ha gustado mucho tu blog y me he visto totalmente reflejada en el cuadro de San Carlos Borromeo, ya que el tránsito de 2011 a 2012 ha sido a pan y agua debido a un tremendo cólico producido por una pizza y a muchos kilómetros de Milan, así que en mucho tiempo prometo no volver a probarla.

    El viaje con niños no lo envidio aunque Milán merezca la pena, soy demasiado comodona, esos viajes son para saborearlos y aprovecharlos al máximo. Qué le vamos a hacer, soy un poco rarita. Jubi.

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  3. Como Jubi dice no envidio el viaje a Milán con niños, pero sí me has evocado el que hace cuatro o cinco años hicimos nueve amigas, que sólo recordar me hace sonreir, bienvenido nuevamente a España y al blog y por supuesto FELIZ AÑO a tí diletante, a Marta, a tus tres hijos y a todos aquellos que están cerca tuyo

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