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martes, 7 de junio de 2011

CAP.XX.- Crisis de identidad, e identidad de la crisis.

Andaba yo encantado con la pretendida originalidad del blog cuando, de golpe, me dí de bruces con la cruda realidad, también hay muchas páginas web dedicadas al aspecto cultural de la cocina. Por lo menos esta inmersión en la red me ha permitido profundizar en los gustos gastronómicos de Claude Monet, que no cocinaba aunque estuviera obsesionado con la cocina - sus cuadernos de cocina tienen varias referencias en internet: http://cocinaycultura.blogspot.com/2010/09/en-la-cocina-con-monet-1.html.
Tampoco parece que con Matisse tenga mejor suerte ya que la Fundación Thysen organizó hace unos años un menú destinado a fijar cual era el sabor de Matisse - http://gastronomicae.wordpress.com/2009/09/03/del-menu-trendy-al-sabor-matisse/ - proponiendo un menú que incluía Festival de flores (un buñuelo de flor de calabacín y otros pétalos) para abrir boca. Como primer plato, Conversación bajo los olivos:sardinas marinadas con una tapenade de diferentes aceitunas. De segundo, Las dos rayas y el congrio, pescados que el pintor francés reflejó en varios cuadros y que son acompañados deratatouille (pisto de verduras). Como broche Las palmeras, dátiles con limones confitados evocando el mundo vegetal de los lienzos.
No faltan referencias a la Olla Podrida de la Regenta, al pastel nupcial de Madame Bovary y otras delicatessen culturales. En definitiva que si sigo por esta vía corro el riesgo de convertir mi iniciativa en un pastiche de los que ridiculizaba el Equipo Crónica:
El capítulo XX puede ser una buena ocasión para recapitular, he abierto muchos frentes - otros quedan todavía por abrir -. Para la entrada de hoy había encontrado un buen cuadro de Benjamín Palencia, un pintor que no suele estar en los circuitos "trendy" de esta primera década del siglo XXI, sin embargo sus cuadros siguen teniendo un toque moderno.
A partir de ese cuadro recupero una receta muy sencilla del Motel Ampurdán, la primera vez que la probé - hace más de 20 años - descubrí que no sólo me gustaba comer, también me gustaba  disfrutar de los lugares en los que se comía. Llevo más de 20 años acudiendo con cierta asiduidad al Motel Ampurdán, cuando me acerco a aquel hotel a las afueras de Figueras me sigo poniendo nervioso pensando en su carro de postres y en su carro de quesos, todo un rito para finalizar la comida.
La receta que reseño es una de las más simples y, a la vez, más sorprendentes de la cocina catalana, un ejemplo de lo que me gustaría que fuera este blog:
Espinas de anchoas.- Para el plato únicamente se necesitan 40 ó 50 espinas de anchoas bien limpias y bien secas, se dejan a remojo en leche durante media hora.
En una sartén un poco profunda se pone un centímetro de aceite de oliva - puede utilizarse también freidora -, se lleva el aceite a 190º de temperatura.

Remojadas en leche las espinas se colocan sobre un paño de cocina y se espolvorean 100 gramos de harina sobre ella. Sólo queda freir las raspas en el aceite, se sabe que están bien hechas cuando quedan rosadas. Bien escurridas las raspas del aceite se sirven de inmediato para que no pierdan temperatura.
Las espinas fritas han de quedar tal y como aparecen en la fotografia, es un aperitivo sencillo, sorprendente, sabroso, original y muy mediterráneo. El Motel cumple este año medio siglo de vida, el espíritu de Josep Mercader sigue vigente.


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