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lunes, 19 de diciembre de 2011

CAP XCV.- La inevitabilidad de lo inevitable, aunque, de momento,se puede evitar.

Se acercan las navidades y parece inevitable empezar a reseñar alguna receta para las fechas señaladas.
Pese a la inevitabilidad de estas referencias gastronómicas lo cierto es que el cuerpo, y el espíritu, me llevan a pensar en recetas que poco o nada tienen que ver con los compromisos que se avecinan. Aquí en Cataluña es inevitable la escudella y la carn d'olla, un remedo del cocido castellano aunque un poco más suave; también son inevitables los canelones o la sopa de galets. Los atracones navideños suelen ir envueltos en estos y otros guisos tradicionales e ineludibles como el capón o el pavo relleno, el cordero asado, los bogavantes ... El otro día compré un recetario navideño tradicional con el fin de encontrarme y reencontrarme con algún guiso capaz de prender alguna mecha imaginativa, "La Cuina de Nadal" de Albert Cogul puede que abra alguna ventana.
Mientras llegan las musas que permitan conjugar los platos de toda la vida con la chispa que encandile a un diletante he de conformarme con juguetear con algunos entrantes, el principal territorio en el que las circunstancias permiten asumir algún riesgo.
Este año puede que prepare alguna golosina oriental, algo ligero y refrescante. Había pensado en los rollitos vietnamitas, los rollitos nem; los más frescos que recuerdo los he probado en El Café Saigón de Madrid, de momento son los únicos en los que la masa no se frie.
Encontrar las recetas genuinas es una tarea imposible, mucho más con internet en funcionamiento. En varias ocasiones he pedido en restaurantes orientales los rollitos vietnamitas y, de momento, no he conseguido que se reproduzca dos veces el mismo plato; esta circunstancia me permite manejar una receta libérrima de estos rollitos, una que me permita conseguir los efectos buscados.
Para mis rollitos vietnamitas, los que habrán de servir como aperitivo de la nochebuena, habré de cortar en fina juliana un par de zanahorias, una cebolleta, calabacín y cebollino.
Compraré pasta de arroz, que dejaré unos minutos en agua tibia hasta que se reblandezca, dejaré la oblea abierta sobre una superficie de marmol y antes de que pierda la humedad colocaré pequeñas porciones de la verdura picada así como unas hojitas de menta fresca picada hasta reducirla casi a briznas de hierba, también picaré lo máximo posible unas hojas de lechuga iceberg hasta que se confundan con otras especias frescas.
Hay que cerrar los hatillos como si fueran pañales, asomando las puntas de las verduras por encima de la pasta de arroz. No soy partidario de pasar el hatillo por la sartén, prefiero servirlo en crudo con un cuenco de soja rebajada con un poco de agua.
Espero encontrar todos los ingredientes e ir construyendo un aperitivo en el que no faltará un poco de foie de oca de Imperia, puede que el foie que va macerado en Lustau; también unas virutas de jamón de jabugo y algún que otro fiambre con huevo hilado. Me gustaría también preparar unos timbales de espinacas rehogadas con algún que otro piñon, unas pasas sin pepitas y cebolla.
En momentos de zozobra me cuesta mucho recurrir a las pinturas abstractas, el hiperrealismo me da mucha seguridad de ahí que robe una alacena de Claudio Bravo, un pintor hiperrealista chileno recientemente fallecido. El realismo si es luminoso da tranquilidad.

2 comentarios:

  1. Muy apetecibles esos rollitos y hoy pediré para comer los "primavera de verduras", no son iguales pero también me gustan. El cuadro es sensacional, el vaso de agua con la flor es impresionanate. Jubi

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  2. Aunque leo la receta pasadas ya las navidades y ciertamente saturada de tanta comilona, estos rollitos se me antojan no como aperitivo sino como primer plato suave y seguro que buenísimo.
    Feliz año diletante, que en el 2012 sigamos disfrutando de tus recetas

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