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domingo, 18 de diciembre de 2011

CAP XCIV.- La excusa de una fria y luminosa mañana de sábado.

Pocas actividades hay tan placenteras para un diletante como la de ir el sábado a primera hora de la mañana al mercado. Ha de ser temprano porque sino tienes la impresión de que terminas comiéndote lo que la gente rechaza.
Barcelona ha sido una ciudad que tradicionalmente ha mimado a sus mercados y los barceloneses también, suelen estar abarrotados sobre todo el viernes a medio día y el sábado. Llevo algún tiempo yendo al Mercado de la Libertat, el mercado de Gracia, lo reformaron hace un par de años y ha quedado estupendo. Tengo otro más cerca de casa pero me cansé de que me estafaran y me vendieran a precio de oro productos de baja calidad.
Llegar al mercado nada más abrir, cuando el termómetro no ha llegado a los 10º, sin una idea fija en la cabeza, sólo la necesidad de darse un pequeño homenaje sin que cruja el bolsillo. El mercado, mi mercado, tiene cinco o seis paradas de pescado, paradas amplias que suelen hacerse la una competencia a la otra en calidad, pero también en precios. Las fruterías son un espectáculo para la vista, hay una bacaladería, un par de puestos de fiambre y queso, carnicerías de todo tipo, dos puestos de especias y frutos secos, otros dos de variantes de todo tipo y una panadería/bollería que es la perdición de cualquier mortal.
Con esta carta de presentación no es complicado organizar en pocos minutos las comidas y cenas del fin de semana. Este fin de semana, previo a la navidad, metido en pleno anticiclón - lo que ha hecho que el día sea más luminoso que cualquiera de los del mes de agosto -, no ha dado pereza a ningún parroquiano y las paradas estaban animadas desde la apertura.
En pocos minutos he organizado las reservas para los próximos días, empezando por el almuerzo de hoy, a base de razonables caprichos:
- De aperitivo unas vieiras pequeñas que he preparado con un sofrito a base de chalotas que me sobraron del cocineo del fin de semana pasado y unos daditos de jamón serrano. He mojado un poco el sofrito con un chorro de vino blanco - un sauvignon blanc de Marqués de Riscal que conservaba abierto desde los puentes y que ha aguantado gracias al cierre al vacio -. Se cubren las vieiras con el sofrito, con una puntita de mantequilla y pan rallado. Diez minutos al grill del horno a tope y una gota de aceite de oliva justo al llevarlas a la mesa.
- Por si las viéiras sabían a poco completé el aperitivo con unas cigalas no muy grandes de Sant Carles de la Rápita, bastó un chorrito de aceite de oliva sobre la plancha incandescente y el tiempo justo para quitarlas el frito - salieron tan sabrosas que los "jodidos" niños se comieron casi todas.
- De plato de fuerza un rape que quiso ser a la panadera pero no pudo. Me explico, es una vieja receta aprendí hace tiempo y que nunca consigo hacer igual. Compré un rape hermoso al que le sacaron los dos lomos perfectos, con los despojos preparé un poco de caldo de pescado.
Salpimenté los dos lomos, los paseé por harina y fueron directos a la plancha unos minutos - no más de tres -, apenas les dio tiempo a perder el color mortecino por otro menos glauco. Sobre esa misma plancha añadí un poco más de aceite y una juliana abundante de zanahoria, calabacín y judía verde - por primera vez en mucho tiempo traicioné a la cebolla y no le puse ni una hebra -. Mientras se sofreían las verduras piqué en un mortero un par de dientes de ajo, un poco de azafrán, una docena mal contada de almendras crudas, un poco de perejil, sal y una galleta que le birlé a los niños - una de las que guardaba de un reciente viaje a Carcassone -.
Mezclé la picada con la verdura pochada y cuando el compuesto volvió a tomar temperatura lo cubrí con el caldo de pescado que acababa de hacer - dicen los sabios que el fumet de pescado no ha de hervir más de 45 minutos -. Cuando todo rompió a hervir coloqué las dos colas de rape para que se sumergieran en el guiso y dejé que acompañaran el hervor durante doce minutos, lo justo para que se terminaran de hacer y la salsa engordara y quedara densa y brillante como el día. Ni qué decir tiene que mientras cocinada me terminé la última copa de vino blanco que quedaba, pensé que hacía más falta en mis neuronas que en el guiso.
Si me hubiera dejado llevar por el delirio en los fogones hubiera preparado una receta de esponjoso de chocolate que acababa de leer en una revista pero la proximidad de las navidades y los excesos del último puente hicieron que el riesgo hipercalórico fuera muy elevado. Dejamos el Soufflé para mejor ocasión.
La visita al mercado de la Libertat además de exigir un paseo sereno que permita deambular con cierta tranquilidad entre las parada, obliga a sentarse unos minutos en la barra de cualquiera de los dos bares que hay dentro del mercado. En una de ellas preparan unos bocadillos de morcilla de cebolla que levantan la moral al más deprimido, sólo tienen un problema: es casi obligado comerlos con un par de cañas de cerveza.
Este sábado comimos pronto, a los niños les gustó el rape - más las cigalas -; esta misma tarde teníamos la fiesta del pequeño, cumplirá tres años la semana que viene. Esperaba una tarde agotadora con más de 30 niños con sus respectivos padres en un Chiki Park, sólo quien ha vivido una experiencia de este calibre puede ser consciente de los riesgos que entraña.
Por fin a las 21'30 los niños han caído fundidos en la cama. Sólo queda tiempo para hacer un par de sandwichs con la pieza de carne que asé esta mañana - comprada también en mi salida matutina -; la única dificultad es disponer de un pulso lo suficientemente para que las lonchas sean muy fínas, que permitan casi ver al trasluz. Un par de nueces de mantequilla en la sartén, para que empape bien el pan de molde, y una mezcla de dos partes de mostaza por una de mayonesa, unas hojas de lechuga y para dentro.
Sólo queda terminar este post - tecleado con una sorprendente versión del I Hung my Head de Sting guitarreada por Bruce Springsteen - y preparar un gin tonic monumental.
Uno día como hoy bien merece un pintor nuevo, a la altura de la jornada: Mikhail Larionov, amigo de Matisse y de todos los Ismos, un ruso blanco del período pre-revolucionario.


3 comentarios:

  1. Estos hijos tuyos son de "morro fino" con los platos que les preparas no me extraña se coman todo, ese rape lo estoy saboreando desde lejos y del mercado ponnos un día una foto. El cuadro es sensacional parecen los pescados vivos. Jubi

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  2. Que pinta tan estupenda tiene esta receta con sus verduritas supongo que si la salsa queda abundante y añades un poquito de arroz blanco aparte ya tienes completo el menú y posiblemente tus retoños no se te coman los langostinos

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  3. Una de las cosas que me han chocado de Cádiz es que los mercados no abren hasta las 9. Recuerdo comentarle a la parienta querer ir a las 7 un día y me dijo que lo único que conseguiría es ayudar a montar la parada al de la pescadería.

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