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jueves, 8 de septiembre de 2011

CAP.LVI.-Sobre las dificultades de ser un tanto libertino.

Dentro de unos días cumplo 46 años, no es una mala edad - no hay edades malas -; una de las grandes ilusiones/frustraciones de mi vida diletante ha sido la de poder asistir al Festival de Cine de San Sebastián, aunque el ideal es poder ir invitado lo cierto es que tengo tantas ganas que estaría dispuesto a ir incluso pagándome yo el viaje y las entradas, lo único que querría es tener la seguridad de poder disponer de algunas entradas y confirmar las reservas en los restaurantes.
He estado en muchas ocasiones en San Sebastián, en ocasiones incluso en las vísperas del festival. recuerdo hace algunos años que coincidí en el Urepel con Vargas Llosa, todavía no era premio Nobel pero ya había conseguido ser presidente del jurado del festival.
Me parece haber leído que este año el festival tiene prevista una programación o apartado especial para el cine vinculado a la gastronomía, sin duda Donosti es un lugar excepcional para esta combinación. Cine y gastronomía están de moda hasta el punto de que Hollywood anuncia una superproducción a partir de una novela ambientada en El Bulli - tengo la novela por casa pero no adivino donde la he dejado porque no recuerdo el nombre de su autor.
Revisando la biblioteca he encontrado muchas referencias al cine y a la gastronomía, esta misma semana he comprado un libro que se llama Cine a la Carta de Helena García Ulldemolins y Pablo Mérida - editorial Raima -, que indaga en las recetas de una veintena de películas actuales; creo que también he citado en ocasiones el libro Cocinar de Cine de la Editorial Everest firmado a la limón por Xabier Gutierrez Márquez y Juan Miguel Guitierrez. Una página web recientemente abierta - www.gastroeconomy.com - tiene una pestaña dedicada a estas cuestiones bajo la evocadora referencia de Cine o Sardina.
La memoria visual y la gastronómica muchas veces confluyen y enseguida aparecen títulos en los que la buena mesa y el buen cine congenian - he hablado en ocasiones de Vattel pero también se puede hablar de Como el Agua para el chocolate, Estimada Martha, Sin reserva, Ratatuille,  Fuera de Carta, El festín de Babette ...
En muchas ocasiones he estado tentado de escribir una entrada sobre cine y gastronomía pero siempre he tenido un pequeño freno o cortapisa ya que la primera, la principal película que viene a mi memoria es La Gran Comilona, la película de Marco Ferreri de 1973; cuenta la historia de cuatro amigos que se encierran en un chalet para comer hasta morir; uno de ellos Tognazzi, hace el papel de un cocinero, Tognazzi tanto se metió en su papel que incluso en un blog - www.sisabianovenia.com:.webloc - aparecen los recuerdos y recetas de esa película asesorada por Fouchon.
Como decía al principio voy a cumplir años y los años preocupan no tanto por hacerse viejo como por comprobar que uno no termina de madurar. Recordando la película de Ferreri - guón de Azcona - me he sumido en cierto temor, me explico, yo vi esta película hace muchos años, en la época de los cinestudios, recuerdo que me impresionó, tanto que no he querido verla para no perder ese regusto transgresor - el mismo que tuve por ejemplo viendo El Último Tango en París, otra película que no he querido revisar en la que los elementos culinarios tienen un uso poco convencional -. pertenezco a una generación un tanto libertina que valoraba y ponderaba este tipo de propuestas culturales como una sana transgresión, no en vano nos criamos a los pechos de Amarcord y bajo el influjo de los trópicos de Miller.
Sería posible ahora rodar y disfrutar de una película como la Gran Comilona, o como Saló, o como tantas otras películas en la que lujuria y gula se ponían al servicio de la creación artística. Creo que no, del mismo modo pienso que hoy por hoy la Lolita de Nabokov habría sido prohibida o puede que incluso no editada. Es una pena.
De ahí que advierta las dificultades que tenemos hoy para reclamar cierto libertinaje y dejarse de pacaterías. reflexiones de viejo supongo.
Recuperando las recetas de Tognazzi/fouchon/Ferreri propongo una de las más políticamente correctas, la del caviar de berenjenas que copio literal del blog de referencia:

"Caviar D'aubergine
(secuencia número 45)
Es un menjunje de berenjenas tratado de la manera que ahora les explicaré. No tiene para nada el sabor del caviar, ni su color ni su precio. Por qué se llama caviar de berenjenas, no lo sé. Y les garantizo que se trata de una definición oficial.
Asen las berenjenas sobre la parrilla a carbón de leña con el mismo cuidado con que asarían un bife. Cuando estén chamuscadas y la piel negra se levante, quítenla delicadamente y golpeen la pulpa, aún caliente, con un cuchillo de madera (de madera, no de metal; ya sé, no todos poseen un cuchillo de madera), comenzando por un costado de la berenjena y prosiguiendo poco a poco hacia el otro, de manera que quede como triturada. Durante esta operación quitarán, también con cuidado, todos los filamentos y fibras de la hortaliza: tendrá que quedar una papilla muy homogénea. Condimenten esta papilla con sal y pimienta y una cucharada de cebolla muy finamente picada. Luego, con un tenedor (siempre de madera. ¿Acaso tienen una batidora con hélices de madera? ¿No? ¿Y entonces?) bátanla como si tuviera que emulsionarse, agregando aceite de oliva, poco a poco.
La pasta es buenísima y se extiende, sin parsimonia, sobre rodajitas de pan tostado, exactamente como si fuera caviar".
Si me permiten introduciré una mejora en la receta copiada, la que propone Jaume Subirós en su recetario del Motel Ampordá, se trata de hacer la pasta de berenjenas eliminando la cebolla y sustituyéndola por un diente de ajo picado, dos anchoas en salmuera, una cucharada de zumo de limón y otra de vinagre.
Compensemos mi tendencia al libertinaje con la receta de una crema sofisticada.
Como complemento visual he encontrado que tanto Matisse, como Picasso, Cezanne y Renoir han pintado berenjenas. Permitan que una el delirio visual de Matisse con este desvarío libertino.




3 comentarios:

  1. He estado unos días con bastante trabajo y no había podido leer con detenimiento las últimas entradas de diletante.

    Lo de " tener o no tener pebrots" es tal cual lo cuenta mi amigo.

    Aqui en Catalunya se utiliza mucho esa expresión asimilando pebrots a "collons" en castellano cojones.

    Nuestro diletante es mas fino y menciona "testículos", pero como yo soy fina pero no soy la titular del blog, me puedo permitir un comentario subido de tono, además no estamos en horario de audiencia infantil o sea que ahí queda.

    Dicho esto quiero añadir que me gustan las últimas entradas y que envidio profundamente a diletante y señora por su excursión a Paris y a la Torre de Plata.

    Tendré que buscarme rápidamente un señor "séptimo comensal" para acompañarles, hummmmmm,.... creo que no, casi prefiero quedarme en casa que empezar esa búsqueda :-).


    La séptima comensal.

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  2. Haces referencia a ciertas peliculas inolvidables, que lo eran por su autentica calidad como por el entorno en que se veian. Se veian en cines de arte y ensayo con un aurea de intelectualidad, con una hoja en que se incluian varias criticas, una entrevista al director y un analisis de toda su obra. Si hablamos con el acompañante, inmediatamente se oia un psss por atraa o por delante.

    Como sera ver ahora el ultimo tango en Paris con todo el cine comiendo y bebiendo. Creo que a mi tampoco me interesa verla en estas condiciones.

    La homogeneizacion de las salas de cine creo que es transportable a los restaurantes. Es verdad que te sirven comida en la mayoria de sitios pero en la mayoria de ellos, el entorno en insoportable. Claro que tambien estan los restaurantes que lo mas importante es el diseñador que lo ha decorado que lo
    que se come.

    Bueno que tendremos que alquilar el Ultimo tango y hacer un cine forum en casa, con una comida a lo gran buff.

    Chupipandi

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  3. Madre mìa! la estanquera de Amarcord, que potente, como potente son las recetas que propones en tus entradas, me gusta como evocas los recuerdos

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