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domingo, 25 de septiembre de 2011

CAP.LXIII.- Encontrarse a Claude Monet.

Hace algunos meses buscando materiales para un post sobre los impresionistas y la pelicula de Woody Allen me encontré en internet con las notas de cocina de Claude Monet, una recopilación manuscrita de recetas de cocina del pintor que en España glosaban los eruditos del blog Gastromix. Aquellas notas eran el ideal del diletante en la medida en la que combinaban el talento de la pintura impresionista con el gusto por la buena mesa y la buena vida.
Claude Monet en su casa de Giverny, ayudado por su esposa - Alice - y rodeados de niños - tenía ocho hijos - se dedicaba a agasajar a sus amigos con platos sencillos de inevitable toque provenzal.
Partiendo de las referencias dispersas que aparecen en la red empecé a buscar el libro convencido de que no estaría traducido al español y que las ediciones que pudieran circular por el mundo - básicamente en francés - serían tesoros de coleccionistas. Las referencias de Amazon y de otras librerías virtuales convertían el libro en un capricho caro.
Así las cosas la busqueda de los cuadernos era una tarea de diletante programada a varios años vista, sujeta a las reglas no ajenas a las del azar, como casi todas las cosas que sorprenden a un diletante.
Este fin de semana he estado en París. Paris ha sido siempre una ciudad gozosa, he tenido oportunidad de escribir sobre ella en otras entradas. Programar un viaje a París, aunque sea por una horas, me produce una ilusión casi infantil, no muy lejana a los nervios de la noche de reyes.
Había previsto que pudieramos escaparnos durante unas horas al museo Marmottan, ajeno al circuito clásico parisino, un museo que guarda algunas pequeñas joyas impresionistas, sobre todo de Monet. Esperaba tener unos minutos para buscar en la tienda del museo algun hilo que me permitiera tirar de él hasta encontrar los cuadernos o, por lo menos, la referencia a las aficiones culinarias de los impresionistas. Ya había utilizado muchos cuadros impresionistas relacionados con la comida y esperaba localizar algún lienzo raro.
El sábado por la mañana, con un sol casi de primeravera aunque fuera principio de otoño, salimos a caminar, a mediodía - los franceses comen pronto - teníamos reserva en la Tour d'Argent. El paseo nos llevó por casualidad al Atelier de Joel Robuchon, el que hay junto al Arco del Triunfo, luego fue inevitable entrar en la tienda Disney para comprarle un regalo a los niños.
Calllejeamos por el Mantignon y por la calle de San Honorato, cerca de la Vendome. Comimos en la Tour d'Argent sintiendo el peso de sus más de cuatrocientos años de historia en cada instante, mientras subíamos en el ascensor me entró un sudor frio y por unos momentos se me cerró la boca del estómago, creí que no sería capaz de comer nada. Aquel restaurante se abrió en plena guerra entre católicos y hugonotes, desde entonces han capeado guerras y crisis a base de servir un estupendo pato ruanés con la solemnidad de una misa.
A la salida del restaurante, abotargados y felices, arrancamos a caminar. La idea inicial era dirigirse hacia la Plaza de los Vosgos, sin embargo el magnetismo de la orilla izquierda nos llevó en sentido contrario, yo no quería perder el margen del rio, sin embargo mi mujer quería callejear y en la primera revuelta, en el nº 1 de la calle Fréderic-Sautón nos encontramos con la librería L'Appetit Vient en Lisant (El apetito viene leyendo), referente a un libro de cocina de hace más de treinta años de James de la Coquet. La librería mezcla libros nuevos y de segunda mano - más de 12.000 referencias según su dueño -. Entre mi francés de supervivencia absoluta, mezclado con palabras en inglés y la buena voluntad del dueño, que hablaba un aceptable español, tras mirar en los anaqueles, viendo que  su oferta no se limitaba a recetarios de moda, me animé a preguntar por el libro de Monet. Primero me enseñó un pequeño libro de Renoir, pero enseguida cayó en que no se trataba de un libro de cocina con la excusa de los impresionistas, sino que estaba buscando el libro de Monet. No tenía claro si disponía de él en pequeño o en gran formato, si lo encontraríamos en la sección de literatura o perdido en el almacén. Dio algunas ordenes a los empleados sin mucho éxito, hasta el punto de que tras unos minutos desistió de la búsqueda. Llevarme cualquier otro libro como premio de consolación hubiera sido una frustración.
Salí a la calle con la sensación de haberlo tenido en la punta de los dedos, consolado por mi mujer y por mis amigos, que aseguraban que podríamos encontrarlo en otra librería. Habíamos caminado unos metros y de repente empecé a oír a voces: Señor, Señor ... El librero había encontrado finalmente un ejemplar, en gran formato, con prefacio de Robuchon, fotos, comentarios y ensayos a cerca de las aficiones culinarias de Claude y de su esposa, así como sus habilidades como anfritión. Regresamos a la tienda con el libro entre las manos. De ese modo tuve la oportunidad de encontrarme con Claude Monet en París el sábado por la tarde.
Tiempo habrá de leer el libro con detenimiento - mucho detenimiento pues mi frances es rudimentario aunque la ilusión sea más fuerte que mi torpeza para los idiomas -, pero sirvan como aperitivo un cuadro, el Almuerzo, y una receta sencilla en honor a Claude Monet y su diletantismo en la cocina.

La receta es de unas cebollas rellenas - hechas en honor de Charlotte Lysés, una actriz de la época -; se elige media docena de cebollas frescas de tamaño mediano que se pelan y se blanquean a fuego muy lento con un poco de mantequilla - supongo que no habrá problema en hacer las cebollas al horno como escalibada -. Cuando están cocinadas, cuidado porque no han de perder cierta rigidez que permita manejarlas - se vacían las capas centrales de la cebolla y se hace un relleno con los corazones picados, con restos de un guiso de cerdo o de pollo al horno, o con un poco de foie. Rellenas las cebollas se espolvorea un poco de cebollino, orégano, tomillo o perejil (Monet no es muy preciso ni en las cantidades ni en los ingredientes concretos, era impresionista hasta en la cocina), un poco de queso gruyére rallado y un huevo duro picado. Se mete en el horno y se granita, aunque Monet asegura que puede servirse frio o caliente. Es una receta sin muchas complicaciones. No descarto preparar un menú completo en homenaje a Claude Monet.


4 comentarios:

  1. Levantarse temprano y leer tu blog es como empezar el día con otros ánimos y sobre todo hablando de esos rincones de París, ya he cogido fuerzas para todo el día. Lo de la cebolla puede ser interesante acompañada de un buen vino. Feliz reencuentro con tu trabajo diletante. Jubi

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  2. Me encanta el cuadro, me alegro que hayas podido satisfacer tu curiosidad culinaria tanto gustativa como cultural. Por cierto diletante nos vamos con unos amigos a Sto. Domingo de la Calzada en octubre, ¿porque no nos propones sitios donde degustar especialidades, podrías recetarnos algún platillo?

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  3. Hombre Bibis; podemos encajar agendas e ir todos .............

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  4. que belleza, en estos momentos para mi de tristeza me sube el animo
    Amalia Coll

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